«Sin este tratamiento, creo que habría nacido antes y le habría resultado mucho más difícil empezar la vida», afirma Maria Patzwald.
Cuando esta mujer de 38 años quedó embarazada de su segundo hijo, al principio no tenía ninguna preocupación. «Todo iba bien, hasta que dejó de ir bien», le dice a la BBC.
Pero a las 32 semanas de embarazo, a Maria le diagnosticaron preeclampsia, una complicación potencialmente mortal caracterizada por la hipertensión arterial, y le dijeron que debía permanecer en el hospital hasta el parto.
Mientras esperaba la llegada de su hijo, fue seleccionada como una de las 16 mujeres que participaban en un ensayo pionero de una técnica que, según los científicos, podría tratar por primera vez la causa principal de la enfermedad.
La preeclampsia es responsable de la muerte de más de 70.000 madres y 500.000 bebés cada año en todo el mundo, junto con otras afecciones relacionadas con la hipertensión arterial.
A pesar de su prevalencia, el tratamiento se ha mantenido estancado durante décadas, y los médicos no han podido detener la enfermedad una vez que se manifiesta. La única cura sigue siendo el parto.
En este ensayo clínico inicial, científicos estadounidenses se centraron en una proteína que, según creen, podría ser la causante de la preeclampsia, para determinar si su eliminación física de la sangre de la madre podría mejorar su condición y prolongar su embarazo de forma segura.
En promedio, descubrieron que las 16 mujeres con preeclampsia grave y pretérmino prolongaron sus embarazos 10 días sin que ello afectara negativamente ni a ellas ni a sus bebés. Publicaron sus resultados en la revista Nature Medicine.
Para Maria, esto significó que su hijo Bennet naciera a las 34 semanas, un hito importante en el embarazo que aumenta las probabilidades de supervivencia de los bebés prematuros.
Fuente de la imagen,Miltenyi Biotec/BBC
Terapia de filtración sanguínea
Aunque los científicos no lo saben con certeza, las investigaciones sugieren que la preeclampsia se produce cuando la placenta se forma de manera anormal, alterando el flujo sanguíneo e interfiriendo con el control normal de la presión arterial de la madre.
La hipertensión arterial que provoca puede causar accidentes cerebrovasculares y daños en los órganos.
Generalmente se desarrolla después de las 20 semanas de embarazo o poco después del parto, y puede detectarse mediante controles rutinarios de la presión arterial prenatal y análisis de orina.
Otros síntomas incluyen dolor de cabeza intenso que no cede con analgésicos comunes, problemas de visión, dolor debajo de las costillas, hinchazón repentina de la cara, las manos o los pies, acidez estomacal que no desaparece con medicamentos para la acidez y vómitos.
Este ensayo clínico, realizado por un equipo del Centro Médico Cedars-Sinai de EE.UU. y dirigido por los profesores Ravi Thadhani y Ananth Karumanchim, consistió en extraer sangre de las mujeres, filtrar una proteína llamada sFlt-1, que se cree que causa la afección, y devolverla al cuerpo en un proceso similar a la diálisis renal.
Aunque se pueden administrar medicamentos a las madres diagnosticadas para prevenir las convulsiones y controlar su presión arterial, la enfermedad solo se cura con el parto, pero el parto prematuro conlleva riesgos para el bebé.
Algunas participantes, como Maria, de Alemania, recibieron varias sesiones en el ensayo. El tratamiento le proporcionó a su bebé dos semanas adicionales cruciales de crecimiento.
«Si un bebé nace en la semana 34 o más tarde, la probabilidad de que no tenga problemas de salud o efectos a largo plazo, son mucho menores», afirma. «Fue un gran alivio», añade.
El autor del estudio cree que el tratamiento tiene el potencial de prolongar aún más los embarazos.
«El objetivo es comenzar mucho antes y realizar más tratamientos… si comenzamos antes, potencialmente podemos [prolongar el embarazo] varias semanas», agrega Thadhani.
La «gran incógnita»
«Este es un estudio inicial muy prometedor», afirma la profesora Asma Khalil, obstetra consultora del Hospital St George’s de Londres. Añade que un tratamiento que pueda atacar el factor biológico causante del trastorno es «especialmente prometedor».
«Para las mujeres que desarrollan preeclampsia grave muy prematuramente, incluso ganar unos pocos días de forma segura puede ser de vital importancia para el bebé», explica, y añade que se necesitan ensayos aleatorios mucho más amplios.
Andrew Shennen, presidente de la organización benéfica Action on Pre-eclampsia y profesor de salud materna y fetal en el King’s College de Londres, reconoce que el proceso es ingenioso, pero afirma que, debido al reducido tamaño del ensayo, la seguridad real de la filtración sanguínea para madres y bebés sigue siendo una gran incógnita.
La mayoría de las mujeres que fallecen a causa de la preeclampsia viven en países de bajos ingresos con escaso acceso a la atención médica, señala. Es poco probable que estas mujeres se beneficien de la tecnología de filtración sanguínea, que es «bastante técnica», y muchas podrían salvarse con terapias ya existentes, añade.
«Tenemos la tecnología para marcar la diferencia mañana mismo si tan solo mejoráramos algunos aspectos básicos», subraya.
Pero Thadhani argumenta que el equipo necesario para filtrar la sangre es muy similar al de las máquinas de diálisis renal, y agrega que es «muy posible» que las clínicas con escasos recursos puedan reconfigurar estas máquinas para tratar la preeclampsia.
Fuente de la imagen,Maria Patzwald
«Algo de lo que puedo estar orgullosa»
Thadhani comenta que a principios del próximo año comenzará un estudio más amplio sobre el tratamiento y se muestra optimista de que pueda estar disponible en clínicas en los próximos tres a cinco años.
«No estaríamos aquí hoy sin las valientes mujeres que aceptaron participar… [ellas] son las verdaderas heroínas de esta historia, sin duda alguna», añade.
Maria dice que le resulta «un poco asombroso» pensar que el pequeño estudio en el que participó pueda ayudar a madres y bebés, ya que simplemente estaba agradecida por la oportunidad.
«Hace unos días, hablé con un grupo de madres sobre [el estudio] y me agradecieron por tener el valor de participar y ayudar a aumentar las posibilidades de supervivencia de los bebés y las madres», dice.
«Y entonces me di cuenta de que también puede ser algo de lo que yo me sienta orgullosa».
Redacción: BBC News Mundo




