Inflación, gasolina más cara y amenazas al suministro de alimentos en los países más vulnerables. Esas son tres de las principales consecuencias que se suele mencionar cuando se habla del impacto económico de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Sin embargo, para Guyana -probablemente el petroestado más nuevo del mundo- el conflicto que mantiene bloqueado el estrecho de Ormuz ha significado más, muchos más ingresos.
Estos recursos provienen de la combinación de dos efectos: el incremento programado de la producción y el efecto del aumento del precio del petróleo como consecuencia de la guerra en Medio Oriente.
Según explica Sidney Armstrong, profesor del departamento de Economía de la Universidad de Guyana, para diciembre de 2025 la producción de crudo de su país se ubicaba en unos 892.000 barriles diarios, mientras que en la actualidad ya supera los 920.000 (y con tendencia a seguir subiendo).
Al mismo tiempo, mientras antes de la guerra el precio del crudo de referencia Brent estaba en unos US$62, el promedio diario desde el inicio de la guerra se ubica en torno a los US$108, según datos de la Agencia de Información de Energía (EIA, por sus siglas en inglés) del gobierno de EE.UU.
Pero ¿qué significa esto para Guyana y qué impacto tiene?
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Crecimiento acelerado
La historia petrolera de Guyana es muy reciente. Su producción de hidrocarburos se inició apenas hace seis años, pero ese corto periodo ya ha sido suficiente para convertirla en uno de los mayores productores de petróleo de Sudamérica.
«Guyana es un caso interesante ya que se ha convertido en la economía de más rápido crecimiento del mundo. En gran medida, esto se debe a que parte de una base realmente muy pequeña, pero aún así es la economía que está creciendo más rápido», dice Roxanna Vigil, investigadora del Council on Foreign Relations, un centro de estudios con sede en Washington.
Los ingresos petroleros se han convertido en el motor del país, cuya economía ha crecido a un promedio de 40,9% anual desde 2020, según cifras del Banco Mundial.
Además, los ingresos por la explotación de hidrocarburos representaron el 37% del presupuesto del Estado en 2025, año en el cual el país ingresó por esa vía unos US$2.500 millones. Estimaciones del ministerio de Finanzas -previas a la guerra en Irán- apuntaban a un ingreso petrolero para 2026 en torno a los US$2.800 millones.
Pero la guerra en Irán y, en especial, el cierre del estrecho de Ormuz, han cambiado estos cálculos.
Cifras publicadas por The Economist indican que desde el inicio de la guerra los ingresos petroleros de Guyana aumentaron en US$370 millones semanales hasta los US$623 millones.
«Debido a los precios mundiales del petróleo más elevados, prevemos que los ingresos gubernamentales aumenten en US$4.000 millones durante el año, en comparación con las estimaciones de principios de 2026», dijo Luiz Hayum, analista principal de exploración y producción de la consultora Wood Mackenzie, en respuesta a una consulta de BBC News Mundo.
Agregó que esperan que la extracción de crudo promedio de ese país se ubique este 2026 en torno al millón de barriles diarios, tras la ampliación de la producción prevista para este año.
Sin embargo, Sidney Armstrong advierte que la mayor parte de los recursos generados por la explotación petrolera en Guyana no van a las arcas del país, debido a la forma en que están diseñados los contratos de explotación.
Así, 75% del dinero es usado para que las empresas petroleras recuperen su inversión. Guyana recibe mientras tanto 12,5% de beneficio y un 2% extra por regalías, hasta un total de 14,5%.
Una vez que las petroleras hayan recuperado su inversión inicial, Guyana recibirá el 50% de los beneficios más el 2% en concepto de regalía.
La buena noticia para el gobierno de Georgetown es que, gracias al aumento de precios del crudo por la situación en Irán, el tiempo que tardarán las petroleras en recuperar su inversión se está acortando.
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Fondo de Recursos Naturales
Armstrong advierte, no obstante, que si estas compañías tienen que hacer nuevas inversiones, la actual fórmula de distribución de ganancias se mantendría hasta que recuperen esos fondos.
Adicionalmente, el gobierno de Guyana no dispone libremente de los recursos que recibe pues el país estableció un Fondo de Recursos Naturales en el que se deposita el dinero procedente del petróleo y se aprobó una ley que regula cuándo, cómo y con qué propósito se puede hacer uso de ese dinero.
Según esa norma, con la creación de este fondo se busca garantizar un crecimiento estable y controlado (evitando los gastos excesivos en tiempos de bonanza) y asegurar que el dinero se destine a las prioridades de desarrollo del país, al mismo tiempo que se conservan recursos para el beneficio de las generaciones futuras.
Para marzo de este año, el fondo disponía de unos US$3.800 millones.
Pero ¿cómo se ha traducido esta bonaza petrolera por la guerra en Irán en beneficios para los guyaneses?
Sidney Armstrong señala que el impacto del precio del petróleo se nota en el aumento de los ingresos, en las reservas del Fondo de Recursos Naturales y en la aceleración de los proyectos de infraestructura en marcha en el país.
«Lo que ha estado sucediendo a un ritmo cada vez mayor es la realización de obras de infraestructura. Se ha incrementado el gasto en la construcción de carreteras, escuelas y centros de salud comunitarios», señala Armstrong.
Roxanna Vigil apunta que este tipo de obras son muy importantes pues Guyana tiene necesidad de muchas infraestructuras básicas como estas.
«Necesitan seguir creciendo muchísimo. Hasta hace poco, más de la mitad de la población de Guyana vivía en la pobreza y de hecho, gran parte de la población sigue viviendo en la pobreza, pero ahora cuentan con un plan y con los recursos para cambiar esa situación», señala Vigil.
Por otra parte, Armstrong indica que el gobierno recién otorgó un bono por un monto equivalente a US$500 a todos los guyaneses mayores de 18 años.
Explica que se trataba de una promesa que el gobierno había hecho el año pasado, pero que no había honrado hasta ahora.
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La otra cara de la bonanza
Pese a la bonanza petrolera, Guyana no escapa a los problemas que la crisis en Medio Oriente ha causado alrededor del mundo.
«La realidad es que la inflación ha aumentado y, por consiguiente, el poder adquisitivo real ha disminuido», comenta Armstrong.
«La gente está viendo precios más elevados en las gasolineras, lo que -obviamente- repercute en el transporte y los viajes. Así pues, al igual que cualquier otro país integrado en el sistema global, estamos empezando a sentir las repercusiones negativas derivadas de la situación de las cadenas de suministro».
«Los precios de los alimentos han aumentado de manera significativa: alrededor de un 25% en un breve periodo. Esto se debe, evidentemente, a que elementos como los fertilizantes y otros insumos agrícolas se están volviendo más costosos. Los recursos necesarios para la actividad agrícola se están encareciendo, por lo que es preciso tener en cuenta estas repercusiones negativas», agrega.
Al economista también le preocupa que, en ciertos casos, parece no haber un manejo tan transparente y adecuado de los recursos generados por la bonanza petrolera.
«Lo que sucede fuera del sector petrolero depende en gran medida de la eficacia con la que el gobierno gestione los recursos. Y, a veces, da la sensación de que se está produciendo una mala gestión».
«Por ejemplo, existe un proyecto para transportar gas desde las plataformas marinas hasta tierra firme para transformarlo en electricidad. Estamos hablando de un proyecto que realmente generará grandes beneficios. Sin embargo -y aquí es donde entra esa sensación de que existe corrupción-, el proyecto lleva retraso, por un lado; y, por otro, el contratista está exigiendo cientos de millones de dólares adicionales para poder completarlo», señala.
Armstrong apunta que hay un aumento en la desigualdad en el país y que los salarios reales de la mayoría de los guyaneses no han experimentado cambios significativos.
«Todavía hay muchas personas sin vivienda. Es un problema que persiste, al igual que la pobreza real. Por lo tanto, cuando se habla de esta economía de más rápido crecimiento, es indispensable volver a la realidad de que, en términos de lo que podríamos denominar desarrollo humano, todavía nos queda un largo camino por recorrer», concluye.
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Redacción: BBC News Mundo




