A Abraham Belinty le sorprendió la guerra en Israel mientras estaba de vacaciones en Miami, Florida, visitando a su familia.

Él estudia en Israel y tenía planeado asistir al festival de música en pro de la paz muy cerca de la Franja de Gaza. “Estaba supuesto a ir al festival donde murió tanta gente y, como viene mi cumpleaños, mi familia me pidió que pasara uno de los cumpleaños con ellos. Prácticamente por eso me salvé y la noticia me pegó muy duro”, relata el joven en declaraciones a la Voz de América. Confirmó que se enteró porque un amigo le dijo “no sé qué está pasando, pero acaban de hacer un ataque sorpresa y creo que va a haber una guerra”.

El estudiante, de origen venezolano, confiesa que durante dos días no pudo dormir al ver las imágenes del conflicto entre Israel y Hamás. “Ha sido bastante difícil. Nadie estaba preparado para esto” dice convencido de que “la justicia va a hacer lo suyo”.

Ante esta situación, Belinty se ha solidarizado con la comunidad judía del sur de Florida y lleva desde este martes ayudando en la sinagoga Sky Lake de North Miami Beach que estos días se ha convertido en un centro de recolección de insumos.

Aquí están recogiendo cientos de donaciones de productos de primera necesidad para enviarlos cuantos antes a Israel. El espacio aéreo está muy limitado en el país, pero los organizadores aseguran que las autoridades de Israel han garantizado que permitirán la llegada de material humanitario.

“Estamos recolectando desde medicinas, maletas, ropa, baterías, medias, cualquier cosa que puedan necesitar los soldados”, explica Ronit Grushka, coordinadora de la recolección.

Todos ellos están muy agradecidos por la respuesta de la comunidad al ver que desde el primer momento se ha volcado para ayudar al país en guerra.

“Uno se siente muy inútil estando tan lejos de Israel y uno de verdad quiere hacer algo para poder ayudar, como que no estamos ahí, esto es lo mínimo que podemos hacer”, dice por su parte Daniela Anillar, una de las voluntarias que ha dedicado varias horas a colaborar por esta causa.

Muchos de los que están ayudando en esta sinagoga tienen familia en Israel. Están lejos y la distancia, confiesan, es lo que peor llevan. Dicen sentirse “impotentes” por no poder hacer más por la gente que está en el país en guerra, pero al menos están felices por aportar su granito de arena a una situación que jamás pensaban que vivirían.

“Estamos todos rezando para que se pueda terminar este desastre lo antes posible”, comentaba Yamila Stak, una mujer con raíces judías que fui a un gran almacén a comprar toallas, baterías y medicinas para enviar a Israel a través de una compañía de transporte.

Muchas sinagogas en Estados Unidos se han convertido en centros de recogida de insumos para Israel. Sus voluntarios aseguran que seguirán movilizándose todo lo que haga falta para ayudar a sus compatriotas. Dicen que es la forma de expresar su solidaridad a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia.

Redacción: Voz de América.

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