El anuncio durante el fin de semana de que el G-7 lanzaría todo su peso sobre una propuesta impulsada por Estados Unidos para crear una alternativa a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China fue recibida con un optimismo cauteloso por los expertos internacionales de desarrollo.

Los expertos apreciaron el foco de ayudar a las naciones de ingresos bajos y moderados a desarrollar infraestructura necesaria, pero se preguntan cómo podría ser implementada.

El plan aspira a “catalizar colectivamente cientos de miles de millones de dólares de inversiones de infraestructura para países de bajos y medianos ingresos en los próximos años”, según un documento de la Casa Blanca.

Esto es parte de un esfuerzo más amplio impulsado por el presidente Joe Biden, quien dijo el fin de semana que el G-7 y otras democracias de todo el mundo están enfrascados en una batalla con regímenes autocráticos como China y Rusia para ejercer influencia en los países en desarrollo.

El esfuerzo, conocido como la Sociedad Mundial Reconstruir Mejor, tiene como objetivo “aunar a las democracias del mundo a enfrentar los retos que enfrenta el mundo y dar resultados a nuestro pueblo y todos los pueblos”.

Un paso extraordinariamente positivo
“En realidad, el hecho de que Estados Unidos estuvo presente y muy involucrado en el G-7 fue un paso extraordinariamente positivo”, dijo Lisa Bos, directora de relaciones de gobierno para World Vision, una organización humanitaria global cristiana.

Bos dijo que las actuales circunstancias, en que la pandemia ha enfocado la atención en la interconexión del mundo y el valor de instituciones fuertes, han creado todo tipo de oportunidades.

“Si no va a suceder ahora, ¿entonces cuándo? Estamos en un momento verdaderamente crítico y … no es hora de retroceder. Es hora de apretar el acelerador”, agregó.

Es necesario un seguimiento sostenido
“Creo que es muy positivo que los países del G-7 reconozcan el asunto y reconozcan la necesidad de actuar”, dijo Eric Farnsworth, vicepresidente de la Sociedad de las Américas/Consejo de las Américas. “Hay necesidades reales que necesitan abordarse, y la gente en los mercados emergentes y otras partes si no tienen soluciones que les lleguen de las democracias buscarán por otro lado, Y China, por supuesto tiene mucho dinero”.

Para que tenga éxito, la iniciativa B3W, como la llama la administración Biden, requerirá un esfuerzo sostenido de todos los países involucrados, dijo Farnsworth. El G-7 está compuesto por naciones ricas altamente industrializadas, como Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Estados Unidos y Gran Bretaña.

“Uno puede hacer el anuncio, pero la clave no solo será un seguimiento, sino un seguimiento sostenido, significativo”, agregó. “Tiene que ser algo que la gente sepa que puede confiar, que si firman algo con Estados Unidos o la UE, será aún operacional tres años después o cinco años después”.

No es exactamente una competencia con Beijing
Aunque presentado por Biden como un reto explícito a China, es notable que las áreas que enfoca el plan (clima, salud, seguridad de la salid, tecnología digital, desigualdad e igualdad de género según la Casa Blanca) no están realmente en competencia directa con mucho de lo que China está haciendo a través de su programa de la Franja y la Ruta.

El foco de China ha sido más que nada grandes proyectos que caen en la categoría de inversiones tradicionales de infraestructura, como puertos, carreteras, aeropuertos, represas, etc.

Eso no quiere decir que las áreas identificadas como el foco del programa B3W no necesitan grandes inversiones.

Restricciones
Es altamente improbable que el programa B3W pueda operar con tan pocas restricciones como lo hace Beijing bajo un gobierno de un solo partido.

La iniciativa de la Franja y la Ruta involucra frecuentemente acuerdos de financiamiento bilateral entre bancos chinos y países en desarrollo, donde los mismos proyectos de infraestructura son el colateral para los préstamos.

Estados Unidos y sus socios operan en democracias con claras demarcaciones entre los negocios del Estado y de privados, y no serían capaces de dirigir financiamiento con ese tipo de precisión.

En su lugar, el proyecto B3W tendría que movilizar a agencias privadas e intergubernamentales, probablemente a través de programas de préstamos garantizados y otras medidas de financiamiento que requieren mucho más en transparencia y mitigación de riesgo de lo que demanda Beijing.

Sin embargo, la libertad de acción de Beijing no siempre ha sido beneficiosa para China o para los países que deben beneficiarse del programa.

El algunos casos, los países no han podido cumplir sus deudas y eso ha creado preocupaciones sobre el papel crediticio de Beijing que afectan a las firmas chinas.

En otros casos, los proyectos se ha llegado a cabo sin la participación de las comunidades que más dependerían de ellos.

Un proyecto portuario en Perú dañó el medio ambiente local y trastornó el modo de vida de las personas que debían beneficiarse del mismo y la represa Coca Codo Sinclair en Ecuador sufrió de mala planificación y ejecución que resultaron en el cuestionamiento de la idea inicial.

Oportunidades
De acuerdo con Farnsworth, la Sociedad Mundial Reconstruir Mejor tiene al menos una oportunidad de reafirmar la posición de las naciones democráticas como la mejor alternativa para el avance de las naciones en desarrollo.

Esto es, dijo, si Biden y los otros líderes pueden encuadrarlo como un beneficio estratégico para asumir un papel de liderazgo global durante la recuperación de la pandemia de COVID-19, en lugar de dejar a China que se encargue de la ayuda de los países en desarrollo.

“Este no es un asunto ahora de financiamiento y pagos de la deuda y cosas como esas, pero hay una narrativa estratégica de cómo Occidente puede responder o si China es el prestamista de facto como único recurso para salir adelante”, dijo Farnsworth.

Redacción: Voz de América.

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