Muchos de los más de 5.000 migrantes centroamericanos que llegaron en caravana a Tijuana estudiaban sus opciones tras perder las esperanzas de poder solicitar asilo en Estados Unidos o cruzar la frontera ilegalmente.

 

Muchos mostraban pesimismo después de que agentes estadounidenses lanzaron el domingo pasado gases lacrimógenos a los que lograron llegar a la frontera. Incluso algunos admitieron que el choque y la respuesta oficial redujeron las posibilidades de llegar a Estados Unidos.

 

Una larga fila de migrantes aguardaba mientras funcionarios de la Organización Internacional para las Migraciones les ofrecían ayuda a quienes querían regresar a sus países de origen.

 

Funcionarios del organismo internacional que asiste a los migrantes dijeron que existe un mayor interés de los integrantes de las caravanas de centroamericanos en buscar información acerca de cómo iniciar gestiones para permanecer en México. Una feria que ofrecía empleos en Baja California recibía un número creciente de solicitudes.

 

«Lo que sucedió ayer nos perjudica a nosotros», dijo Oscar Leonel Mina, salvadoreño de 22 años, acerca del choque del domingo.

 

Mina, su esposa y si hija no fueron a la marcha y explicaron que luego se alegraron de no haber participado tras lo ocurrido. En vez de eso, esta familia se quedó en la carpa donde permanecen en un complejo deportivo de Tijuana.

 

El gualtemalteco Brandon Castillo, de Santa Rosa, también estuvo alejado del incidente y dijo que «no fue toda la caravana» la que participó el lunes en el caótico suceso.

 

Después de las malas noticias del lunes y con el presidente Donald Trump dispuesto a impedir la entrada irregular de migrantes, Mina está revalorando su plan de ir a Estados Unidos. Dice que le han hablado de Rosarito, un balneario concurrido por turistas estadounidenses que se encuentra a unos 40 minutos al sur de Tijuana.

 

Allí «se puede ganar dinero y vivir bien» si uno está dispuesto a trabajar, dijo. Su objetivo ahora es partir del refugio en una semana.

 

La fuerza de seguridad mexicana incrementó su presencia en el centro deportivo que sirve de refugio a miles de migrantes de la caravana, con el motivo aparente de evitar una repetición del incidente del domingo.

 

Los migrantes que desean solicitar asilo deben inscribirse en una lista de espera que ya tenía unos 3.000 nombres antes de que la caravana arribara a Tijuana. Los funcionarios estadounidenses procesan menos de 100 solicitudes diarias, por lo que la espera puede extenderse durante meses.

 

Por su parte, el presidente Trump dijo el lunes que México debería enviar de regreso a los migrantes que buscan asilo en Estados Unidos, un día después de que las autoridades cerraron el cruce fronterizo sur más activo del país y dispararon gases lacrimógenos a la multitud.

 

gas

 

El incidente del domingo ocurrió cuando un grupo de personas corrió hacia la cerca en la frontera, el episodio más reciente de una serie que ha enfrentado la postura de línea dura de Trump sobre la inmigración contra un grupo de miles de personas procedentes de países centroamericanos violentos y empobrecidos.

 

Trump fue incluso más allá el lunes y dijo que México debería repatriar a los inmigrantes, en su mayoría hondureños.

 

Más tarde, Trump dijo a los reporteros en un evento en Misisipi que cerraría la frontera si los migrantes «cargan» contra la barrera.

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