El ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, reconoció que “en Quito y la provincia de Pichincha hay una situación crítica”.

Uno de los lugares icónicos de Quito, la Virgen de El Panecillo, -situada en pleno centro histórico de la ciudad-, ya no es visitada como antes de la pandemia. Este es solo un aspecto del drama nacional que incluye hospitales repletos, muertes y negocios cerrados debido al COVID-19.

El Panecillo divide a la capital del Ecuador en dos y desde allí se puede divisar el crecimiento de esta metrópoli habitada por unos 2 millones 700 mil habitantes. La imagen religiosa de aluminio, de 41 metros de altura en lo alto de una loma y cuyo nombre alude a la forma que tiene similar a un pequeño pan, ha sido por mucho tiempo un atractivo local.

Pero lo que hasta marzo era un punto de atracción permanente, lleno de turistas nacionales y extranjeros, hoy es todo lo contrario. Así lo constató esta semana la Voz de América, durante un recorrido en el que advirtió los efectos de esta crisis en diversas áreas.

El centro histórico, donde está El Panecillo, es una de las siete zonas donde se cumple un control especial a cargo de la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas y el Municipio, debido al elevado índice de contagios y fallecidos de COVID-19, y donde se observó en las últimas semanas más aglomeración de personas y violaciones a las disposiciones oficiales.

Jennifer Masache, dueña de un pequeño negocio de venta de alimentos y platos típicos ecuatorianos, a un costado de la imagen religiosa, explicó que la afluencia de turistas es baja. Dijo que antes atendía en su negocio a unos 50 turistas diarios, pero en este momento casi no hay ventas.

Vista de la Virgen del Panecillo, en Quito

«La pandemia la afectado mucho en el negocio. Primero nos hicieron cerrar meses y ahora abrir, prácticamente para nada”, expuso.

Lo que sucede con el turismo no es sino la consecuencia de la rápida aparición de casos de COVID-19 en Quito, que mantiene copadas todas las unidades de cuidados intensivos de los hospitales públicos.

El 15 de julio, la capital ecuatoriana registraba 10.035 casos positivos. El 21 fueron 11.524 y el 22 aumentó a 11.741 contagios, un crecimiento promedio diario de casi 244 casos. Hace menos de dos semanas, el crecimiento diario promedio era de 200.

El número de contagios en Quito creció tanto en las últimas semanas que la cifra total se encuentra casi a la par de los reportados en Guayaquil desde marzo hasta la fecha y pudiera superarla en cuestión de horas. Durante todo marzo y abril, la que es considerada capital económica del país experimentó una crisis de salud sin precedentes, ante la imposibilidad de atender a una demanda tan elevada de pacientes.

Si bien las cifras suelen ser un parámetro para establecer alertas y prepararse para eventos futuros, en el caso ecuatoriano ese aspecto puede tener un doble riesgo.

La capital se preparó

Por un lado, lo sucedido en Guayaquil ayudó a la capital a prepararse, dentro de su limitado presupuesto, para lo que podría venir. Sin embargo, por otro, hay preocupación de que las estadísticas pudieran reflejar menos de lo que sucede en la realidad.

El más claro ejemplo se evidencia con la cifra total de personas fallecidas a causa de COVID-19 en este país andino de poco más de 17 millones de habitantes.

Según el Ministerio de Salud, desde el inicio de pandemia, a mediados de marzo, han perdido la vida 5.418 personas a causa de la enfermedad, pero el Registro Civil contabilizó 17.224 defunciones en el tercer y el cuarto mes de este año en la provincia del Guayas, donde está Guayaquil.

Si bien el total de defunciones en Guayas en marzo y abril no especifica las causas, está claro que el coronavirus tuvo una alta incidencia, más aún cuando la población permaneció confinada desde mediados de marzo y durante todo abril.

El ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, reconoció el martes durante una comparecencia virtual a la Asamblea Nacional, que “en Quito y la provincia de Pichincha hay una situación crítica”.

De acuerdo con el Ministerio de Salud, la cifra de fallecidos en Quito es hasta el miércoles de 575. Sin embargo, en toda Pichincha, que comprende Quito y sus alrededores, el número llegó a 639, a los que se suman otros 143 fallecidos con probable COVID-19 y 21 con sospecha.

La ciencia argumenta que uno de los factores para el aumento de contagios es el irrespeto a las normas de distanciamiento social y la no utilización de mascarillas o tapabocas.

Eso ha sido común en Quito en las últimas semanas, desde el paso del semáforo rojo al amarillo en el sistema de alerta contra la COVID-19, que se puso en vigencia a inicios de junio.

Muchos necesitan trabajar

La VOA conversó con Sara Guashpa, una vendedora de vegetales, en el sur de la ciudad, muy cerca de una de las zonas donde más casos existen. Aunque escogió una esquina con poca presencia de personas, su sobrina, que la acompañaba en el negocio, no usó en ese momento de forma correcta la mascarilla.

Sin embargo, al advertir la presencia del equipo periodístico, se la colocó rápidamente.

Para ella, la situación no es fácil. Explicó que tiene tres hijos y se encuentra separada de su esposo, lo que la obliga a salir a trabajar los siete días de la semana. “Yo vivo del día a día. Si no salgo un día, no puedo dar de comer a mis hijos y qué hago”, relató.

Su utilidad se ha visto reducida drásticamente desde que volvió a salir a las calles por la falta de compradores y la falta de recursos de muchas personas que se quedaron sin trabajo en los últimos meses.

La Policía Nacional, al igual que las Fuerzas Armadas y el Municipio, cumple un trabajo intenso en estos días, que va más allá de garantizar la seguridad ciudadana. Así lo explicó el general Fausto Salinas, comandante de una zona que comprende el Distrito Metropolitano.

Según dijo Salinas por videoconferencia, alrededor de 1.300 miembros de la institución se han contagiado o se encuentran en aislamiento preventivo hasta el momento, debido a la naturaleza de su trabajo, pero que unos 300 se han reincorporado.

En las zonas más conflictivas, donde se ha encontrado un alto consumo de alcohol e incluso fiestas clandestinas, contabilizó hasta el martes por la noche 25.000 sanciones por violaciones al toque de queda que rige aún en la ciudad desde las 9:00 de la noche.

Además, en los últimos días 3.400 personas fueron retiradas de lugares de aglomeraciones, 894 de la vía pública por consumir alcohol, se confiscaron118 litros de licor artesanal, se intervinieron 221 locales comerciales y hubo 23 suspensiones de eventos no autorizados.

Tras los anuncios sobre el incremento de operativos de control en las zonas de mayor conflicto, se notaron ciertos cambios. La VOA observó un ligero descenso de transeúntes en las principales calles de la parroquia Belisario Quevedo, que se vieron abarrotadas días antes.

Una residente de la zona, Ruth Segarra, relató que es duro convivir en medio de la presencia de la enfermedad, sobre todo, porque hay personas que siguen saliendo indiscriminadamente a las calles.

“La gente es muy despreocupada”, dijo y afirmó que son pocos los que circulan protegidos y con alcohol en mano. “Hay gente que sale de gana a la calle, pudiendo estar en casa”.

Dificultades para las pruebas de coronavirus

La agresiva presencia del coronavirus en Quito también ha motivado que los laboratorios de análisis de pruebas trabajen a su máxima capacidad.

Personas en fila en el exterior del Centro de Convenciones Eugenio Espejo de Quito para someterse a una prueba de coronavirus.

Sin embargo, no todas los residentes de la ciudad pueden acceder a una prueba de diagnóstico. Las denominadas “PCR”, siglas en inglés de ‘Reacción en Cadena de la Polimerasa’, cuestan alrededor de 100 dólares, como promedio, de acuerdo con el lugar donde se practiquen.

Instituciones como la Universidad Espíritu Santo de Guayaquil, desarrollaron esta semana jornadas de diagnóstico a precios menos costosos, como parte de un programa de apoyo a Quito, lo que motivó una numerosa presencia de personas interesadas en someterse a la prueba.

Nohora Pilaguano, quien trabaja en el área de limpieza de un hotel de la ciudad, dijo a la VOA: “Es un peligro latente, que siempre está y, a pesar de que nos cuidamos, no sabemos (…) Tenemos que cuidarnos”, explicó.

Por ahora, los principales esfuerzos de diversas instituciones están puestos en contener el avance del coronavirus en Quito.

De acuerdo con el epidemiólogo e investigador de la Universidad UTE, Daniel Simancas, el pico de la enfermedad en la ciudad se registró el pasado 1 de julio, cuando se contabilizaron 700 casos confirmados. Posteriormente, esa cifra bajó a entre 400 y 600, pero no deja de ser preocupante.

Sin embargo, advirtió que podrían producirse nuevos brotes masivos, debido a la indisciplina de los ciudadanos, por lo que insistió en su preocupación por la insuficiente cantidad de pruebas de diagnóstico aplicadas por el Ministerio de Salud.

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