El avance de los incendios en la provincia argentina de Corrientes, donde las llamas han arrasado con al menos el 9% del territorio en las últimas semanas, continuaba imparable el fin de semana y alcanzó la población de Santo Tomé, la cual tuvo que ser evacuada, aunque las recientes lluvias alimentaban la esperanza de que el fuego termine.

Las llamas consumían alrededor de 30.000 hectáreas diarias, según los últimos informes oficiales, para un total de casi 800.000 ya destruidas. El domingo se registró una ligera lluvia que se espera continúe en la semana, pero aún hay al menos 8 focos activos, según el último informe del Sistema Nacional de Manejo del Fuego.

Las imágenes desde una provincia que lleva varias semanas en llamas eran dramáticas: el fuego avanzaba de forma imparable y, en algunas zonas, de forma circular, dejando sin escapatoria a muchos animales.

El fuerte viento y las condiciones de sequía y falta de humedad han sido los principales aliados de las llamas.

La situación es dramática para los habitantes de la provincia agrícola, forestal y rural, con pérdidas de bosque, ganado, y formas de vida que según expertos podrían tardar años en recuperarse.

El área más afectada corresponde a los humedales del Parque Nacional Iberá, que se encuentra rodeado por los incendios. Se trata de un macrosistema de lagunas interconectadas por canales situada entre el río Paraná y el río Uruguay, limítrofe con Brasil. La región alberga una gran diversidad de especies de flora y fauna, muchas en peligro de extinción como caimanes, anacondas y ciervos de pantano.

“Esto es atípico, histórico. Nunca nos pasó, nunca vivimos algo así, realmente nos vimos superados”, declaró Jorge Ayala, residente de Corrientes, una zona que se caracteriza por la abundancia de lluvias y que sufre uno de las peores tragedias naturales de su historia. “Es un quiebre para la provincia”.

“Es impresionante, comió mucho (el fuego). El estrago es millonario… te da ganas de llorar por ver lo que se veía”, relató Omar Zimmerman, trabajador de un rancho implicado que dijo llevar más de 40 horas seguidas en el combate al incendio.

Al momento, las autoridades estiman pérdidas por más de 26.000 millones de pesos argentinos (más de 240 millones de dólares).

Mientras los bomberos y brigadistas comenzaron a llegar desde todos los rincones de Argentina y, también, desde Brasil y Bolivia.

La situación es “gravísima, es lo que nos toca vivir, este año y ya hace unos años atrás, en que el cambio climático ha generado estos incendios de gran magnitud, muy difíciles de controlar en el mundo, no estamos hablando solamente de Argentina”, relató Marcelo Taboada, uno de los capitanes de bomberos.

Más de 2.600 bomberos y brigadistas, 10 aviones, 5 helicópteros, camiones cisterna y 97 cuadrillas participan en el combate al incendio, informó el viernes el gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés. Desde entonces, llegó ayuda desde las provincias de Buenos Aires, San Juan, Catamarca y Córdoba, entre otros.

“Aquí, cientos de bomberos y brigadistas de Corrientes, Córdoba, BuenosAires y Brasil continúan trabajando para mitigar los focos ígneos. ¡Gracias a todos por su enorme labor!”, tuiteó Valdés el domingo.

El gobernador también agradeció a diversos funcionarios por la ayuda prestada, entre ellos el mandatario brasileño Jair Bolsonaro.

El embajador argentino en Bolivia, Ariel Basteiro, también confirmó el envío de 70 efectivos desde Bolivia.

Valdés también solicitó ayuda a Estados Unidos, según tuiteó el sábado.

Por otro lado, artistas y personajes públicos realizan campaña para recaudar fondos para los damnificados. En tanto, la zona comenzó a recibir donativos de enseres básicos desde todos los puntos del país.

La gente está trayendo “de todos lados desde Misiones, Chaco, de todos lados están enviando fruta, agua, hielo, lo traen en tráiler, están haciendo llegar lo posible para que nosotros entremos en los foco del incendio y tratemos de ayudar”, relató Laura Núñez de 29 años, voluntaria en el combate del fuego.

“Es una impotencia… vivimos todos acá”, afirmó otra voluntaria, Estefanía Riveiro de 34 años, que transporta baldes de agua para “ayudar a nuestros animales”

“Es una bendición de Dios, creo que Dios se apiadó de nosotros”, dijo Riveiro sobre la caída de la primeras gotas que revivían las esperanzas al fin de la tarde .

Redacción: Voz de América.

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