El hallazgo ocurrió a última hora.
Los investigadores Carlos Magdalena y Mauricio Bernal se daban por vencidos.
Habían volado hasta Inírida, en la cuenca alta del río Orinoco entre Colombia y Venezuela, buscando una especie de nenúfar gigante nunca antes descrita.
Navegaron kilómetros entre selvas inundadas. Se confiaron a Gustavo Melo, miembro de un resguardo indígena del territorio que surca a cualquier hora entre ríos oscuros sin GPS ni señal celular.
«Un genio de la navegación que se mueve por allí como quien recorre su casa con las luces prendidas. Era casi el amanecer del último día. El avión para irnos calentaba motores», me cuenta Magdalena, horticultor español del Real Jardín Botánico Kew de Londres.
Entonces cantaron bingo. Un nenúfar de la familia de las Victorias que jamás habían visto apareció sobre el agua. Solo una hoja podía medir hasta 2,5 metros de diámetro.
«Fue una locura. Los ojos nos brillaban. Lograrlo tras un viaje tan largo y cinco días de búsqueda fue emocionante», revela Bernal, horticultor colombiano del Jardín Botánico de Bogotá.
La nombraron Victoria colombiana. Recientemente publicaron los hallazgos en la revista científica Phytotaxa, cuya autoría aglutinó a estos investigadores y miembros de comunidades indígenas del Guainía.
«Las Victorias enamoran y hechizan a quienes las conocen. Es una planta espectacular», agrega Bernal.
Fuente de la imagen,José Carlos Cueto / BBC News Mundo
Una especie que enamora
Pocos días después de publicar, Bernal y Magdalena lucen así: enamorados de su hallazgo.
Les visito en el Jardín Botánico de Bogotá. Primero me llevan a un laboratorio. Bernal trae bajo el brazo una colección de carpetas.
Las abre. Dentro hay hojas, tallos y flores secas. Varias de estas muestras llevan años almacenadas bajo condiciones meticulosas.
«Para clasificar la Victoria colombiana comparamos estas muestras. Son distintas especies de Victoria. Así pudimos describirla», cuenta Magdalena.
Las Victorias son un género sudamericano que ya contaba con tres ejemplares conocidos: la amazónica, la cruziana y la boliviana. Sus hojas gigantes soportan grandes pesos.
La primera especie fue descubierta en el siglo XIX.
Fuente de la imagen,Imagno/Getty Images
«Le pusieron Victoria regia (hoy amazónica) por la reina Victoria de Reino Unido. Para verla, se armaban colas de kilómetros en Londres. Era algo fuera de lo común, una maravilla vegetal, la reina de las plantas herbáceas. Tenía aura y exotismo», dice el científico español.
Desde entonces la especie ha fascinado a generaciones. Bernal agarra un ejemplar amazónico del Jardín y le da la vuelta.
Al reverso de la superficie hay un entramado de nervios que inspiraron a arquitectos: un ejemplo de cómo la naturaleza por sí sola da pistas de cómo soportar estructuras con la menor cantidad de materiales.
«Fíjate también en esos pinchos. Son para evitar ser mordidas por otras especies», señala Bernal.
Fuente de la imagen,José Carlos Cueto / BBC News Mundo
Un hallazgo excepcional
Las Victorias obsesionaron a Magdalena desde niño. Hace unos seis años descubrió junto a un equipo la especie boliviana.
Estaba a punto de publicar su hallazgo cuando vio en Instagram a un estadounidense posar con una Victoria amazónica en el Orinoco.
«Pero yo no sabía que existiese esa especie allí. Podía ser una nueva, desconocida para la ciencia», cuenta el científico.
Magdalena contactó a Bernal y se pusieron manos a la obra.
En una computadora me enseñan las imágenes satelitales de las que se apoyaron para localizarlas.
Primero aparece el planeta, hacen zoom hacia Sudamérica, enfocan la selva, expanden lagos. Ahí están: una perlitas verdes sobre el agua conectadas entre sí.
Fuente de la imagen,Cortesía de Mauricio Bernal
Magdalena estima que hay entre 30 y 50 individuos de Victoria colombiana en estado silvestre.
«Es preocupante para una especie que no tiene la vida de un árbol. En términos de cambio climático podría estar amenazada. El agua fluctúa mucho y rápido y eso podría ser perturbador», coinciden los científicos.
Ambos, igualmente, apuntan a que queda mucho por conocer.
Respuestas sobre el mundo
Uno de los retos para su estudio es que la planta vive en sitios remotos: selvas que se inundan con hasta siete metros de agua, ríos gigantescos y lagos con mucho sedimento.
Los expertos contemplan alternativas de conservación como establecer poblaciones en lugares más accesibles dentro de territorios indígenas.
Eso puede contribuir a la protección y al desarrollo del ecoturismo comunitario.
Bernal y Magdalena recoletan semillas para cultivarlas y estudiarlas bajo condiciones controladas.
Antes de irme, pregunto a ambos qué supone este hallazgo.
Fuente de la imagen,Mauricio Bernal/Carlos Magdalena
«Los ancestros de Victoria estaban aquí antes de que Sudamérica se separara de Pangea. Sobrevivieron a cuando el Amazonas daba el Pacífico y vieron levantarse a los Andes.
Han estado naciendo y muriendo cada año por más de 70 millones de años. En el medio de una selva donde no llegas tú, en el medio de la noche que no la puede ver nadie, se abre esta flor que sale del agua, huele a piña y atrae a escarabajos», dice Magdalena.
Son plantas tan remotas que Bernal confía en que nos revelen más sobre la historia de los ríos sudamericanos.
«Estudiándolas a fondo obtienes pistas de cómo se formó todo el continente», dice el colombiano.
«Nos preguntan muchas veces para qué sirve, desde la óptica de la utilidad para el hombre, pero eso se queda corto. Llevan millones de años haciendo proezas, siendo testigos de dinosaurios. Tienen su derecho moral a insistir y nosotros de entenderlo», añade.
«Una de las maravillas que hacen de Colombia un país tan interesante», cierra Magdalena.
Redacción: BBC News Mundo




