Vecinos con urticaria y dermatitis. Ardor en los ojos cuando se lavan la cara. Presencia de bacterias, metales pesados, heces fecales. Bañarse y lavar los platos con agua embotellada.
Los habitantes de Guadalajara, una de las ciudades más grandes de México, llevan años sufriendo por la escasez o la mala calidad del agua.
Esta semana parecen haber dicho «basta».
El domingo, miles de personas protestaron en el centro de la capital de Jalisco exigiendo soluciones. Piden inversión, alerta sanitaria, sistemas de potabilización confiables y transparencia oficial.
«Me baño con caca y la tabla periódica», decía uno de los carteles de la marcha. «El agua es un derecho, no un privilegio», decía otro. Algunos cargaban frascos llenos de agua café. Otros llevaban mascarillas o vestimenta de protección ambiental.
Las manifestaciones fueron reprimidas con chorros de agua y gases lacrimógenos. Se reportaron 39 detenidos y 28 policías heridos. El gobernador Pablo Lemus Navarro (del partido Movimiento Ciudadano) habló de «400 encapuchados».
La presidenta, Claudia Sheinbaum, condenó la represión, exigió explicaciones al gobierno estatal y rechazó las opciones de privatizar el servicio.
«El asunto es ponerse de acuerdo para ayudar a resolver el problema», dijo, al proponer una mesa de diálogo entre autoridades locales y federales.
El gobernador reconoció que la ciudad vive una crisis de agua «como nunca antes», dijo haber recibido reportes de mejoras y anunció un plan de racionamiento mientras se desarrolla un nuevo acueducto.
Las soluciones, al parecer, no llegarán pronto.
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Qué tiene el agua
Y los problemas, entretanto, no son nuevos: empezaron, al menos, en 2019.
En julio, el Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (IMDEC) analizó 184 muestras en 90 colonias de la zona metropolitana y reportó que 93% carecía de cloro residual y presentaban indicios de coliformes en cuatro muestras y metales como plomo, mercurio y aluminio.
Una actualización del informe divulgado en octubre hizo 256 muestras en 110 colonias tapatías y detectó plomo en 32, mercurio en 17 y coliformes fecales en seis puntos.
Por su parte, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, una universidad, encontró ausencia de cloro en 41 de 42 muestras y E. coli en algunas.
El plan del gobernador es dejar de usar un canal del sistema llamado Las Pintas por el que pasa una cuarta parte del agua que consume Guadalajara y en el que se concentran las descargas de aguas residuales.
Mientras se construye un nuevo módulo de potabilización en Miravalle, el agua llegará por turnos que empiezan a operar esta semana. El esquema, que priorizará la calidad a costa de la cantidad, puede durar entre seis meses y dos años.
El año pasado fue el que más llovió en México en cuatro décadas y este, hasta ahora, va por ese mismo camino. Pero más lluvia no significa más o mejor agua: al contrario, entre más agua cae, más estrés para las deterioradas potabilizadoras.
El 65% del agua que va a Guadalajara sale del Lago Chapala, la reserva de agua dulce más grande del país, que cuenta con una potabilizadora construida en 1956 y renovada en 1978, y se abastece del río Lerma, proveniente de la industrial Toluca y altamente contaminado.
Entre un 60 y un 80% de los ríos mexicanos, según diferentes monitoreos, están contaminados.
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En Chapala, el Instituto de Limnología de la Universidad de Guadalajara detectó microalgas productoras de microcistina, una potente toxina.
Las autoridades de salud sostienen que no hay alerta sanitaria: han reportado un único hallazgo de exceso de cloro de 270 muestras y ningún aumento atípico de enfermedades. En julio, recomendaron no beber agua de la llave.
El Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado, el blanco de la mayoría de las quejas, reconoce 180 colonias afectadas, mucho menos que las 475 —un cuarto del total estatal— que se reportan en los estudios ciudadanos.
Si bien existen varios estudios ciudadanos, la información oficial sobre el tema suele ser opaca, según Andrea Bizberg, experta medioambiental: «No sabemos cuánta agua se está extrayendo, no sabemos la trazabilidad del consumo y tampoco sabemos qué tan contaminada está el agua».
«Sabemos que el agua está muy contaminada, pero no se están haciendo los análisis necesarios para ver qué tiene esa agua», añade la asesora regional de C40 Cities, una red de ciudades que combate la crisis climática
Las organizaciones ciudadanas no tienen la misma capacidad del Estado de hacer evaluaciones extendidas con pruebas de laboratorio.
Bizberg estima que casi un millón de personas será afectados por el desabasto, aunque la prensa local reporta que puede ser el doble.
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Por qué está contaminada
México es particularmente vulnerable a las crisis hídricas: según el World Resources Institute, está en el puesto 26 de los 164 países más propensos a las crisis hídricas. En la región, solo Chile está más arriba en el escalafón.
El país, según el centro de estudios, consume hasta 80% del agua disponible al año, con enormes brechas entre unas regiones y otras, por lo que cualquier fenómeno meteorológico —como El Niño— deja a las ciudades sin margen de contención.
El WRI mide el estrés hídrico en términos de cantidad, cuando en México, muchas veces, el problema es de calidad.
José María Nava Townsend, académico del departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil de la Universidad Iberoamericana, dice que la principal causa de la crisis hídrica, aunque haya otras relacionadas a la condición árida del país y el uso de agua por parte de las industrias, es la falta de planeación y la improvisación.
«El desarrollo urbano en las ciudades no se dio a través de un proceso de planificación, sino de oportunidad de bien raíz. No se piensa primero en el sistema de suministro y luego en el desarrollo, sino que se hace el desarrollo y, muy a la mexicana, luego vemos cómo le hacemos para llevar el agua».
Lo que pasa en Guadalajara es un ejemplo crítico que se extiende por todo el país, donde también se reportan alcantarillados deficientes, fosas sépticas y descargas irregulares de aguas residuales —domésticas, industriales y agrícolas— a las presas.
Una problemática histórica, estructural y más estudiada que atendida que, según los expertos, puede empeorar en los próximos meses y años.
«Con el cambio climático, y más grave aún, con la llegada del fenómeno natural de El Niño, vamos a tener que las zonas donde ya hay sequías van a tener sequías más graves (el centro), y las zonas con inundaciones van a tener inundaciones peores (las costas)», dice Bizberg.
Nava, por su parte, apunta que «para recuperar una cuenca estamos hablando de 15, 20 o 30 años, como se ha visto en otros países, y esto apenas está pasando en México».
El agua limpia y corriente se va a tardar.
Redacción: BBC News Mundo




