«A quienes hayan proporcionado el mayor beneficio a la humanidad».
Esa fue la directriz que Alfred Nobel dejó expresamente en su testamento en 1895 para elegir a los merecedores del premio que llevaría su apellido y que se entrega desde hace 125 años.
Si bien la iniciativa no especificaba género, desde sus inicios las mujeres han sido una pequeña minoría en cada categoría que contempla el galardón.
Su representación histórica es especialmente baja en los premios científicos, es decir, en Medicina, Física, Química y Economía, el cual se otorga desde 1969.
De los 769 reconocimientos individuales concedidos en estas cuatro disciplinas entre 1901 y 2026, solo 30 han sido para mujeres, lo que representa el 3,9% del total.
Este año, por ejemplo, con la entrega del Nobel de Economía este lunes, se terminó de saber que todos los premios otorgados en los cuatro campos científicos fueron concedidos a hombres.
La enorme brecha de género en los premios Nobel es preocupante y habla de un fenómeno complejo que, de acuerdo a expertas, se expresa mucho antes de que se decida quién merece este galardón.

¿Qué dice la Real Academia?
La Real Academia de las Ciencias de Suecia y la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska han recibido críticas a lo largo de los años por el profundo desequilibrio de género entre los galardonados.
En 2018, por ejemplo, hicieron cambios en su hermético proceso de nominación justamente para combatir los sesgos. Ese mismo año, en ciencias, Donna Strickland ganó el Nobel de Física y Frances H. Arnold el de Química: desde hacía más de 50 años que ninguna mujer ganaba el primer premio y, en el mismo periodo, solo una había obtenido el segundo.
«Las mujeres han sido discriminadas en la sociedad durante cientos, si no miles, de años y ciertamente también durante la época del Premio Nobel», dijo en 2021 a BBC Mundo el médico y científico sueco Göran Hansson.
En aquel año, él era el secretario general de la Real Academia de las Ciencias de Suecia y, tal como sucedió ahora, ninguna mujer ganó en las categorías científicas.
Según explicó entonces, el problema les precedía: «No podemos premiar a alguien que no ha sido nominado».
La organización, aseguró, insta a los nominadores a adoptar una visión «más amplia con respecto al género y la etnia», otro de los problemas de representación que se les ha señalado de forma sistemática.
Fuente de la imagen,Getty Images
El proceso para seleccionar a los ganadores en Medicina, Física, Química y Economía es bastante similar.
«Cada comité envía formularios confidenciales a personas competentes y calificadas para nominar, incluyendo a ganadores previos, profesores y figuras destacadas en cada disciplina alrededor del mundo», explica la organización en su página web.
Una vez recibidas las propuestas, el comité «examina las nominaciones y selecciona a los candidatos preliminares». En esta fase se proponen entre 250 y 350 nombres.
Los nombres preseleccionados son enviados «a expertos especialmente designados» para evaluar el trabajo de los candidatos.
Finalmente, cada comité presenta sus recomendaciones sobre los candidatos finales al organismo encargado de conceder el respectivo premio, cuyos miembros eligen a los ganadores por mayoría de votos.
Las críticas
Los Premios Nobel han sido cuestionada por mantener una mirada considerada «arcaica» sobre el desarrollo de la ciencia moderna y por la existencia de sesgos de clase y raza, además de género.
En 2017, por ejemplo, el periodista Ed Yong escribió en The Atlantic un artículo sobre «la absurdidad» de los premios Nobel en ciencia, donde decía: «En la medida en que propagan el mito del genio solitario, ese genio solitario es casi siempre blanco y masculino».
Brian Keating, un distinguido profesor de astrofísica de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos, dijo a BBC Mundo en 2021 que era necesario que «los ganadores empiecen a rebelarse contra el premio Nobel».
«La primera vez que alguien hable y diga: ‘No voy a aceptar este premio porque no es acertado, no es justo, no representa la totalidad del descubrimiento’, el comité cambiará sus planes», subrayó.
Pero, hasta la fecha, ningún ganador del Nobel de ciencias ha rechazado el premio voluntariamente.
Parte de las críticas hacia la organización se centran en que las nominaciones permanecen en secreto durante 50 años, lo cual es señalado como una falta de transparencia en el proceso de selección.
Fuente de la imagen,Getty Images
Uno de los casos más emblemáticos de la falta de reconocimiento de las mujeres en los Nobel es el de la física Lise Meitner, quien tuvo una participación crucial en la explicación de la fisión nuclear.
Sin embargo, su compañero de investigaciones por más de 30 años, Otto Hahn, recibió en solitario el Nobel de Química de 1944.
Luego se sabría que ella recibió más de 49 nominaciones a lo largo de los años, incluyendo de algunas de las máximas figuras científicas de la época, como Niels Bohr, Werner Heisenberg y Max Planck, quien en total la postuló siete veces.
El último eslabón
Científicas y expertas consultadas por BBC Mundo coinciden en que si bien las cifras son preocupantes, la elección de los comités Nobel son el último eslabón de una larga carrera en que las mujeres van quedando atrás.
La física Liselotte Jauffred, investigadora del Instituto Niels Bohr de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, es coautora de una investigación publicada en 2019 que analizó la brecha de género en los premios Nobel de Medicina, Física, Química y Economía.
«Los resultados son una señal de que existe un problema. No podemos seguir diciendo que no existe un sesgo de género en los premios Nobel, porque estadísticamente sí existe», dice la académica a BBC Mundo.
Sin embargo, recalca que no existen razones para creer que los comités Nobel actúan con un sesgo de género al momento de elegir.
«Los mecanismos de selección que generan esa desigualdad actúan mucho antes de llegar a este último paso, si es que podemos considerar la concesión del Nobel como el último paso», agrega.
Fuente de la imagen,Getty Images
Al ser consultada sobre un posible sesgo al interior de los comités Nobel, la física británica Athene Donald, miembro de la Royal Society de Londres y profesora emérita de la Universidad de Cambridge, responde un rotundo: «No lo sé».
Y agrega: «Lo que sí sabemos es que, en el caso de alguien como Marie Curie, fue su marido quien tuvo que luchar para que la incluyeran. Eso ocurrió hace mucho tiempo, pero sospecho que ese sesgo inconsciente sigue existiendo».
La académica agrega, sin embargo, que le sorprendería que existiera una «discriminación consciente del tipo: ‘No, no vamos a premiar a una mujer’. De hecho, pensaría más bien lo contrario, porque hay mucha atención puesta en este asunto».
«Todo lo que ocurre antes de que el comité tome sus decisiones tiene un efecto acumulativo que termina perjudicando a las mujeres», opina quien fuera además encargada de género de la Universidad de Cambridge.
Amal Kasry, científica especializada en nanotecnología y jefa de la sección de Ciencias Básicas, Investigación, Innovación e Ingeniería de la UNESCO, lo pone así: «Sin duda es motivo de preocupación, pero yo no diría que está relacionado con un sesgo, porque este año, al igual que en todos los anteriores, los galardonados son reconocidos por auténticos avances revolucionarios en la ciencia».
«La ausencia de mujeres en los distintos premios sí plantea una pregunta importante sobre cómo se distribuyen las oportunidades científicas y el reconocimiento. Eso es lo que tenemos que analizar», dice.
«No se trata de preguntarnos por qué el premio se concede únicamente a hombres o a mujeres, sino de cómo se distribuyen realmente las oportunidades mucho antes de que llegue el premio. Porque el camino hacia un galardón de este tipo es muy largo», añade.
De la cuna hasta el Nobel
A nivel mundial, las mujeres representan apenas el 35% de las personas graduadas en carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), según datos del Instituto de Estadística de la UNESCO.
Las expertas señalan que esa baja presencia de mujeres se explica por factores diversos y complejos que comienzan a operar a muy temprana edad y se extienden por toda su trayectoria académica.
«Empiezan prácticamente desde el nacimiento. A niños y niñas se los orienta en direcciones ligeramente diferentes, de manera bastante inconsciente, por parte de los padres, de la sociedad y de lo que ven en los medios de comunicación», sostiene Donald.
Y agrega: «Seguimos viviendo en una sociedad que, si no es patriarcal, al menos sigue presentando diferencias entre las experiencias de vida de los hombres y las de las mujeres. Y eso es enormemente difícil de cambiar».
Diversos estudios han puesto de manifiesto cómo los estereotipos de género comienzan a arraigarse desde edades muy tempranas.
Una investigación publicada en 2017 en la revista Science encontró que, a partir de los seis años, las niñas eran menos propensas que los niños a asociar la inteligencia excepcional con personas de su propio género.
Ya adultas y como científicas pueden enfrentar otros obstáculos. Entre ellos, la falta de reconocimiento de sus contribuciones, un fenómeno conocido como «efecto Matilda», que se produce cuando avances o descubrimientos realizados por mujeres son minimizados, invisibilizados o simplemente se atribuyen a sus colegas hombres.
Fuente de la imagen,Getty Images
Un estudio publicado en 2022 en la revista Nature reveló que las mujeres investigadoras tenían menos probabilidades que sus colegas hombres de aparecer como autoras de publicaciones científicas o creadoras de patentes.
Eso se suma, de acuerdo a Donald a dificultades en el acceso a becas y financiamiento, pero también a que los roles de cuidado que recaen desproporcionadamente sobre las mujeres dificultan su participación en conferencias internacionales u otro tipo de espacios que podrían contribuir a dar notoriedad a su trabajo.
«Por mucho que se pueda decir que no todos los hombres son iguales, la realidad es que a menudo son las mujeres quienes sienten que no pueden dejar a sus hijos», dice.
El punto de quiebre
Pero pareciera que hay un momento en que las barreras que enfrentan las mujeres en la carrera científica llegan a su punto de quiebre: el paso desde las primeras etapas de la investigación a las posiciones de liderazgo.
Kasry señala que, aunque las mujeres representan alrededor del 35% de los graduados en carreras STEM a nivel mundial y en algunos países pueden superar incluso el 50%, su presencia disminuye considerablemente a medida que avanzan hacia puestos de liderazgo.
«Cuando analizamos cuántas de ellas consiguen avanzar hasta convertirse en líderes en sus respectivos campos científicos, una posición desde la que podrían realizar contribuciones que eventualmente conduzcan a reconocimientos como el premio Nobel, observamos una disminución drástica».
Según Kasry, esta caída es especialmente evidente en ámbitos como el de las tecnologías cuánticas, donde señala que la representación femenina pasa de más del 40% a alrededor del 12% al avanzar hacia posiciones de liderazgo.
Fuente de la imagen,H. Armstrong Roberts/Classicstock/Getty Images
La experta sostiene que uno de los principales factores que podrían influir en esta caída es la falta de reconocimiento del trabajo de las mujeres.
«Este es uno de los factores más importantes, porque puede afectar a la continuidad de las mujeres en la investigación. Algunas quizá decidan seguir adelante, pero otras pueden sentirse decepcionadas y abandonar su carrera científica. Creo que ahí es donde puede producirse parte de esa pérdida de talento femenino a lo largo de la trayectoria científica», dice Kasry.
La física agrega que las oportunidades a lo largo de la carrera científica de las mujeres también están condicionadas por otros factores como la educación, el acceso a laboratorios y equipamiento, el acceso a financiamiento y mentoría, y a oportunidades para dirigir investigaciones y grupos científicos.
¿Hay avances?
La respuesta es que sí.
Si volvemos sobre las estadísticas, podemos ver algunos avances.
En 2013, las mujeres representaban el 29,5% de los investigadores a nivel mundial, cifra que para 2023 llegó a un 31,4%.
La representación de las mujeres en las academias nacionales de ciencias también ha aumentado, pasando del 12% en 2015 a alrededor del 19% en 2025, según datos de la InterAcademy Partnership y el International Science Council recogidos también por la UNESCO.
El organismo impulsa iniciativas a escala mundial para fomentar la participación de niñas y mujeres en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
«Estas cifras son alentadoras. Quizá no sean enormes, quizá no muestren una gran diferencia, pero sin duda son alentadoras», subraya Kasry.
Fuente de la imagen,Getty Images
De todas formas, las expertas coinciden en que aún queda mucho por hacer.
Ninguna de ellas está de acuerdo con establecer cuotas o distinguir entre hombres y mujeres a la hora de elegir a los laureados.
La misma Donald recibió el que se denomina como el «Nobel de las mujeres», el Premio Internacional L’Oréal-UNESCO, con el que fue reconocida por sus investigaciones sobre la física de materiales complejos.
Dice que valora el enfoque, pero advierte que si el Nobel se separara por género el efecto podría ser contraproducente.
«Creo que es una cuestión que debe abordarse a nivel social. Y eso, por supuesto, es mucho más difícil de cambiar», dice.
Para ella la clave está en intervenir en edades tempranas, sobre todo a nivel escolar, donde cree que se puede marcar la diferencia.
Para Jauffret este problema se debe enfrentar generando mayor conciencia.
«Considero que todos tenemos algo que aportar: los investigadores, las instituciones que financian la investigación y los educadores», dice.
«Todos podemos contribuir a que exista una mayor igualdad de género en las distintas etapas de las carreras científicas y, en general, dentro de las disciplinas científicas».
Gráfico: Caroline Souza, del Equipo de periodismo visual de BBC Mundo.
Redacción: BBC News Mundo




