Fue durante su adolescencia cuando Mary comenzó a sentir ansiedad en situaciones sociales. La situación empeoró tanto que desarrolló depresión y tuvo que dejar el colegio.

Cuando empezó la universidad, evitaba por completo las situaciones de grupo.

«No me uní a clubes ni asociaciones como los demás», afirma Mary (nombre ficticio).

«Simplemente pensé que nadie querría conocerme. La verdad es que no hice ni un solo amigo durante toda la carrera», agrega.

La ansiedad social de Mary era tan grave que le diagnosticaron un trastorno de ansiedad social, algo que afecta hasta al 12% de las personas en algún momento de sus vidas.

Pero muchos más afirman tener dificultades en general. Con el regreso de los estudiantes a la universidad, consultamos a expertos sobre cómo superar estos sentimientos, tanto en el primer como en el último año.

Una investigación sugiere que más de una quinta parte de los estudiantes universitarios británicos sufren algún tipo de ansiedad social durante sus estudios y un estudio realizado por las universidades inglesas de Chichester, Coventry y el University College de Londres la ha relacionado con calificaciones más bajas, relaciones interpersonales más deficientes y aislamiento.

Para muchos, la universidad supone la primera vez que se independizan, y se espera que hagan amigos rápidamente.

Mary, que estudió en la Universidad de Exeter, asegura que lo intentó.

«Cuando llegué, fui a una asociación estudiantil, pero todos hablaban entre sí y de repente me entró miedo. Sentí que no encajaría y me fui a casa», recuerda.

Un joven en su teléfono mientras otras personas difuminadas pasan cerca de él.

Pie de foto,Alejarse de un grupo, evitar conversaciones y pasar tiempo en el teléfono son algunas se las señales de la ansiedad.

Las señales

Mary, que ahora tiene 25 años, describe su ansiedad social como una experiencia extracorpórea. Cuando hablaba con gente nueva, sentía que le subía el calor a la cara y le hormigueaban las manos.

«Casi sentía que me separaba de mi cuerpo. Olvidaba cómo articular palabra», dice.

«Después de situaciones sociales, a menudo me quedaba con la sensación de haber hecho algo terrible. Me invadía una vergüenza abrumadora. No dejaba de pensar que había algo fundamentalmente defectuoso en mí», explica.

Neil Greening, presidente de la Alianza contra la Ansiedad Social de Reino Unido, afirma que esta es una característica típica de las personas con ansiedad social.

«La gente cree que tiene un defecto de personalidad. Lo interiorizan en lugar de verlo como una condición reconocible para la que pueden recibir ayuda», asevera.

Lo más importante que hay que recordar: es normal sentirse un poco cohibido o ansioso al conocer a gente nueva, al encontrarse en situaciones nuevas o al acudir a una entrevista de trabajo. La ansiedad social se da cuando realmente impide a las personas hacer cosas, afirma Greening.

Para quienes tienen un diagnóstico clínico, puede tener un impacto debilitante, como le ocurrió a Mary.

«Puede resultar difícil admitir que se padece cualquier tipo de ansiedad social en un mundo en el que, por lo general, se admira la extroversión y la seguridad en uno mismo. Muchas personas intentan ocultar su ansiedad social o recurren a comportamientos de seguridad», agrega el experto.

Algunas señales de que indican que alguien podría tener ansiedad social son:

  • Guardar silencio
  • Dar respuestas breves
  • Jugar con el teléfono para evitar interactuar
  • Estar siempre cerca de alguien o mantenerse al margen de un grupo.
  • Ceñirse a temas de conversación seguros como el trabajo.

Greening afirma que existen indicios de que la ansiedad social está empeorando y que el mayor uso de teléfonos inteligentes y el teletrabajo contribuyen a ello al «conducir a menos interacciones sociales y a mayores niveles de ansiedad».

Una mujer viéndose en un espejo resquebrajado.

Pie de foto,Las personas con ansiedad suelen evaluar constantemente cada gesto, paso o comentario realizado.

Cómo ayudarte a ti mismo

Mary, que ha comenzado un posgrado, ahora controla mejor su ansiedad social. Tras obtener su licenciatura, recibió apoyo del Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés) mediante una terapia cognitivo-conductual (TCC).

Esta se considera el tratamiento de referencia para la ansiedad social y anima a las personas a replantearse sus pensamientos y cambiar sus comportamientos.

El profesor David Clark, psicólogo de la Universidad de Oxford, afirma que le gustaría que más personas buscaran terapia, pero también señala que las personas pueden tomar medidas para ayudarse a sí mismas.

El primer paso, dice, es dejar de centrarse obsesivamente en uno mismo.

«Las personas con ansiedad social a menudo se monitorean constantemente durante las situaciones sociales. ¿Me estoy sonrojando? ¿Sueno estúpido? ¿Me veo nervioso?», dice.

«Concéntrate en el exterior, en la conversación, en la otra persona o en tu entorno», recomienda.

El experto asevera que también es necesario poner a prueba los miedos mediante experimentos conductuales, como hacer una pregunta en una reunión o decir algo en un grupo y observar qué sucede.

«Las personas con ansiedad social suelen anticipar resultados negativos: piensan que van a hacer el ridículo o que los demás las encontrarán aburridas. Hay pruebas que pueden ayudarles a superar eso. Da miedo, pero realmente puede ayudar», agrega.

También afirma que deben abandonar comportamientos de seguridad, como ensayar cada frase, evitar el contacto visual o permanecer cerca de una persona en particular.

Un joven de espaldas a un grupo.

Pie de foto,Los expertos aseguran que el teletrabajo y el uso de los teléfonos inteligentes está contribuyendo a que más personas sufran de ansiedad social.

Y, por último, Clark añade: «Intenta evitar darle vueltas a lo sucedido después del evento. Es muy fácil distorsionar la realidad».

Esto es algo con lo que Mary se identifica.

«Antes le daba vueltas a las cosas constantemente en mi cabeza. Lo que he aprendido es que lidiar con la ansiedad social es un proceso gradual. La terapia me ayudó mucho, pero también algo que me dijo una amiga hace un par de años», dice.

«Cuando le dije que no quería acompañarla a conocer a algunos de sus amigos, alegando mi falta de habilidades sociales, me dijo que nunca había pensado eso de mí y que no debía subestimarme. Me emocioné mucho», relata.

«Ahora me estoy esforzando por participar más. Me ayuda que en mi curso de posgrado estemos en grupos pequeños, pero también me he unido a un grupo de astronomía. Sigue siendo difícil y no siempre sale como quiero, pero estoy aprendiendo a manejarlo», agrega.

Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.

Redacción: BBC News Mundo